Hace algunos años que llevo observando con cierto detenimiento el mundo del desarrollo de software. Todo empezó con la búsqueda de nuevas formas de gestionar proyectos. Los métodos y las prácticas tradicionalmente aceptadas no me convencían y la experiencia no me ofrecía las respuestas que tan convincentemente argumentan las teorías más aceptadas. En esta búsqueda me encontré con el mundo del agilismo y los métodos de gestión ágil de proyectos. Me pareció que guardaban principios más acordes con lo que veía y empecé a investigar en ello.
Sin embargo, nosotros no desarrollábamos software. Bueno, tampoco lo hacemos ahora. Por lo que necesitaba llegar al fondo de estos principios y asumirlos con vistas a buscar nuevas formas de trabajar en nuestro sector. A lo largo de los últimos 5 años hemos trabajado por desplegar estos principios en métodos acordes con lo que hacemos, tratando de buscar denominadores comunes que permitiesen adoptar y empezar a funcionar con ellos independientemente de la tipología de proyectos. Algo hemos avanzado en este campo.
De todas formas, creo que este sector guarda mucho más conocimiento y dinamismo que el dirigido a la propia gestión de proyectos. Podemos partir de la Ética Hacker (gran libro que va más allá del mundo del software) para continuar con otras prácticas y formas de trabajo como el pair programming, TDD, etc.
Creo que al tratarse de un sector relativamente nuevo no está contaminado con teorías milenarias y trata de ser crítico con lo que encuentra a su alrededor. Esta característica es la que hace que se cuestione el status-quo, desechando la heredada cultura industrial y buscando algo más acorde con la actual economía del conocimiento, donde indudablemente estamos volviendo hacia la cultura artesanal como medio de adaptación a las necesidades de cada individuo. En realidad, no es del todo cierto que puede estar desechando la cultura industrial, ya que sus métodos de trabajo beben en ocasiones de principios derivados de Lean pero con alto grado de personalización, lo que los hace casi únicos.
Indudablemente, no es lo mismo desarrollar software que prestar servicios de consultoría y siempre nos encontraremos con aquellos que su único argumento para el inmovilismo es decir que son diferentes, que para ellos no sirve. Mientras, por nuestra parte, trataremos de rebuscar e investigar en lo más hondo de las motivaciones de las nuevas prácticas de desarrollo de software, a ver si nos inspiran y somos capaces de aprender algo.
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