Obsesionados por los números

Vaya la que nos está cayendo. Cierto acontecimiento reciente me ha obligado a reflexionar sobre el daño que estamos generando en las organizaciones con la obsesión de cuantificar todo lo que se hace. Si no hay número que lo demuestre, no hay nada y todo lo que has hecho de poco sirve. Así que... busca los números, aún siendo absurdos, engañosos y perjudiquen más que aportar, búscalos. ¿Qué no se puede? Siempre se podrá pasar la encuesta de turno.

A estas alturas creo que he dejado clara mi posición respecto a la burocratización de los modelos y metodologías de turno, aunque suya no sea la culpa y siempre exista algún/a evaluador/a, consultor/a o auditor/a que, desde su pedestal, obligue a demostrar todo numéricamente.

¿Os imagináis pasando una encuesta de satisfacción a vuestra pareja, hijo/a, amigos? Nada, si no lo puedes demostrar numéricamente, no me digas que con fulano te llevas mejor que con bengano o que con zutano has mejorado la relación. ¿Se lo has preguntado en una encuesta? Cuidado con que tenga una escala de 1 a 5 que luego hay que emplear la fórmula de conversión a la escala de 1 a 10, extraída de profundas investigaciones matemáticas. O... ¿lo puedes demostrar en el número de veces que has quedado con tu amigo a tomar un cafe? y ¿qué me dices de su duración? ¿lo mides? porque claro, no es lo mismo quedar para media hora que para toda la mañana...

Pues sí, esta situación que puede parecer absurda, la estamos llevando a las organizaciones. Da igual que seáis cuatro y que no haga falta de encuestas para percibir y sentir vuestra relación, vuestras broncas y vuestras alegrías. ¿Qué no lo mides? Estás jodido. De poco sirve todo el trabajo que hayas podido hacer.

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